Carta Abierta sobre suspención de la muestra de Juan Carlos Romero en el Museo Provincial de La Plata

El pasado viernes 31 de mayo tomamos la difícil decisión de suspender la

exposición “Juan Carlos Romero en La Plata” cuya inauguración estaba prevista

para el próximo 6 de junio en el Museo Provincial de Bellas Artes “Emilio Pettoruti”

de dicha ciudad. A la fecha, las autoridades del museo no respondieron formalmente

a nuestra decisión. Recibimos, eso sí, numerosos y afectuosos mensajes de apoyo

de amigxs y colegas. Durante los últimos días solicitamos a las autoridades del

museo que, a los efectos de la adecuada exhibición de la instalación “Violencia”

(1973), fuera desmontado, durante las escasas tres semanas de la exposición, el

espacio de la “colección permanente”: en rigor, un cerramiento parcial con paneles

dentro de la única sala del museo, donde se exhiben unas seis obras del patrimonio.

De lo contrario la obra no podría exhibirse, por sus particulares dimensiones. El

curador general del museo, Daniel Sánchez, nos respondió que no era posible quitar

de sala las obras patrimoniales. Entendemos la importancia de dar visibilidad al

patrimonio del museo (aunque las políticas patrimoniales no pueden reducirse a la

mera lógica de “colgar” obras), pero a la vez sostenemos que un museo debe

adoptar criterios flexibles atentos a las especificidades de la producción de los

artistas que invita. Considerando además que la muestra dura menos de un mes y

que dentro de la selección de obras a exhibirse hay tres que forman parte del

patrimonio del museo (grabados que ingresaron a la colección de la institución como

premios de salones, es decir, que la dimensión patrimonial estaba contemplada en la

misma muestra), no parecía tan descabellado solicitar por ese corto tiempo el retiro

de seis obras a los efectos de mostrar una pieza crucial dentro de la trama de la

vanguardia de los primeros años setenta como es “Violencia”. Obra que, por otro

lado, se hubiera exhibido completa por primera vez en Argentina desde su

presentación en 1973. En la defensa de la sala patrimonial, se nos argumentó: "es

una demanda que nos hace el público que visita el museo de otros lados, algunos

lejanos a La Plata y quiere ver algo de la rica colección que lamentablemente no

podemos mostrar por razones de espacio".

A lo largo de este conflicto salta además la concepción fetichizada y neutralizante de

acervo patrimonial que tiene el museo, más que pensarlo como un territorio de

disputa simbólica y política (que es lo que, en definitiva, es un acervo patrimonial), lo

concibe como un reservorio muerto, una suerte de artefacto escenográfico

congelado que debe mantenerse allí a toda costa (independientemente de lo que se

esté mostrando del otro lado de los paneles) y articulado a través de categorías por

lo menos cuestionables, como "Grandes maestros" y "Nuevos lenguajes". Cabe

preguntarse si el “espacio patrimonial”, cuya permanencia el museo defiende a

ultranza, no está operando como chivo expiatorio de las precarias políticas

institucionales que, desde hace mucho tiempo, arrastra la institución.

Entendemos que al no atender, pudiendo hacerlo, a las demandas del curador y del

artista a los que invita, el museo ejerce una suerte de "censura blanda",

obligándonos a decidir o bien a mostrar la obra mutilada (cortando 4 metros como

mínimo) o a no exhibirla. En estas circunstancias es que decidimos suspender la

realización de la muestra.

Con "Juan Carlos Romero en La Plata" nos interesaba, más que mostrar una mera

retrospectiva, hacer reverberar en el presente algo de las intensidades poéticopolíticas

de aquellas experiencias radicalizadas de la vanguardia (de la que Juan

Carlos formó parte) que apuntaron a desbordar desafiantemente los cauces

institucionales del arte para incidir en la transformación de los modos de vida. Esto

implicaba además abordar otros episodios articulados con la vanguardia

experimental, la labor docente de Juan Carlos en las carreras de plástica y de cine

de la Escuela Superior de Bellas Artes (actual Facultad) de la Universidad Nacional

de La Plata, la formación del gremio de docentes ATUDI (Asociación de

Trabajadores Universitarios Docentes e Investigadores) y los sostenidos

intercambios con otros artistas de la ciudad como Roberto Rollié, Edgardo Vigo, Luis

Pazos o Jorge Pereira. El proyecto curatorial advertía, por un lado, la cancelación

traumática de los programas poético-políticos de la vanguardia a partir del golpe de

Estado de 1976 y el parcial borramiento de una memoria crítica acerca de esos años

(cuyos efectos, qué duda cabe, se extienden al presente). Pero asimismo apostando

a movilizar o activar los sentidos de esos experimentos radicales de la vanguardia

en el hoy, para pensar(nos) también en la posibilidad de tender un puente con ese

proyecto violentamente clausurado. No para completarlo ni recuperar su "verdad",

sino para animarnos a desafiar, también nosotrxs, nuestro presente. Porque una de

las consecuencias de la dictadura (que el embate neoliberal se encargará de

rematar) es el obturar en la conciencia colectiva la posibilidad de imaginar e inventar

otras formas de vida posibles. Por eso interesa volver sobre esos experimentos

críticos de la vanguardia, no para completar la historia del arte ni para fijar relatos ni

para canonizar piezas de museo, sino para "revulsionar" (por utilizar un término de

Vigo, otro protagonista crucial de la vanguardia platense de esos años) nuestro

presente.

Nuestra decisión de suspender la muestra no pretende caer en las lógicas de la

indignación. Es una apuesta política por encender una reflexión, por abrir un flanco

crítico que sea capaz de habilitar territorios (aunque transitorios) de libertad,

contrarios a las subjetividades docilizadas y colonizadas que la actual fase del

capitalismo cognitivo produce y administra. Abrir estos territorios de libertad, quebrar

esa inercia, supone, a veces, renunciar a montar una muestra y movilizar la crítica

por otros cauces.

 

Fernando Davis y Juan Carlos Romero