Perder La Forma Humana

La Unión fue invitada junto a La Grieta, Iconoclasistas, Circuito Cínico, La Paternal Espacio Proyecto,y  La Multisectorial Invisible a participar de la segunda jornada coordinada por: Gisela Laboureau y Daniela Lucena del  Seminario de cierre de la exposición  Perder la forma humana.

El Objetivo era poner en  diálogo prácticas de las Plataformas Activistas de la actualidad con las experiencias de los 80.

 

Elaboramos colaborativamente el siguiente decumento:

 

La Unión pretende ser una plataforma comunicativa independiente, dinámica, descentralizada y adaptable que persigue el objetivo de construir herramientas de libre circulación para disputar y alimentar los discursos críticos en relación a mejores condiciones laborales para los trabajadores y trabajadoras de las artes visuales. 

La Unión se construyó desde la diversidad, ya que sus integrantes provienen de distintos lugares y poseen distintas miradas.

Tenemos un sitio web, plataformalaunion.com.ar, donde colgamos información y generamos imágenes que disponemos de forma libre para que sean susceptibles de ser reapropiadas para que de forma integrada, organizada e inmediata sirvan de consulta y difusión de las problemáticas que nos aquejan como trabajadorxs de las artes, generando una base mínima de cohesión y consenso para un reclamo generalizado, y una acción común. 

A través del trabajo colaborativo de lxs usuarixs, que pueden ingresar y hacer uso del sitio, tan solo registrándose, se genera un dispositivo de intercambio de contenidos con el objetivo de cooperar, comunicar y potenciar el trabajo de todas las iniciativas grupales e individuales que abogan por los derechos de los artistas visuales en Argentina. 

Nos interesa reflexionar, producir y poner en práctica estrategias visuales y performaticas para potenciar las discusiones sobre el lugar de los artistas como trabajadores y la relación actual con las políticas culturales  en los diferentes contextos del país. 

Nuestra intención es generar prácticas de código abierto replicables y posibles de ser reapropiadas por otros colectivos,  reflexionando sobre las prácticas artísticas, las políticas institucionales, la construcción de espacios alternativos y las condiciones de precarización reinantes.

De alguna manera, no solo nos convoca la producción de redes virtuales, sino que también  nos interesa, construir instancias presenciales en donde recuperar la memoria colectiva de las historias locales, historias microscópicas y micropolitcas por las cuales la autonomía marco un rumbo que permitió producir sus propias condiciones de trabajo y producción, abriendo sus espacios, disputando ciertos conflictos y saberes.

De la misma manera que las personas que compartimos esta mesa, nos moviliza la posibilidad del trabajo en red y la creación de espacios de trabajo y acción común.

Con plataforma la unión intentamos conectar aquellas acciones que se suceden de manera aislada, producir un mínimo cauce común en una temporalidad marcada por la desintegración de los canales comunicativos tradicionales, en medio de la dispersión y simultaneidad permanente en la que se mueven nuestros cuerpos y nuestras urgencias; pero por sobre todo, recuperando las estrategias propias de la contra información,  intentamos  consolidar una agenda propia que pueda abrir canales de sociabilización de experiencias criticas del campo artístico en un contexto  de sobreinformación, que  invisibiliza aquellas prácticas que intentan movilizar sentidos inconformes en el campo del arte y las políticas culturales. 

La convocatoria nos proponía mirar la década de los ochenta, y pensar las posibles conexiones, las reverberancias o las diferencias: 

De lo que pudimos conversar entre nosotrxs, nos reconocemos principalmente en aquellas prácticas que llevaron adelante estrategias de contra comunicación, y a pesar de las vueltas y las tramas que se tejen en el tiempo, nos reconocemos en aquellos artistas que como en los ochenta, hoy continuamos insistiendo con confianza y placer  en: abrir grietas, producir comunidad, agitar preguntas, y  movilizar el estado actual de las cosas en los horizonte posibles de nuestros recursos.

Nos reconocemos también en el esfuerzo de hacer política con nada: explotando al máximo las posibilidades de los mínimos recursos con los que contamos para producir nuestros materiales, como pueden ser hoy las nuevas tecnologías, las redes sociales, y las mecánicas de producción de información alternativa. 

También, en la formación de redes: difusa, errante e incompleta, se tejen entre las propias dificultades que encontramos en nuestro presente estas nuevas redes que se vinculan fuertemente por la especificidad del problema que nos reúne.

Por supuesto reconocemos las diferencias, y las distancias sociopolíticas que marcan cada escenario de acción específico. 

A nosootrxs nos toca actuar, en la realidad de un país que fue arrasado por el neoliberalismo de los 90 que desembocó en  una crisis política económica social y cultural como la de los primeros años del 2000, y luego, por por un estado actual del país en el que reconocemos transformaciones de profundidad, pero en el que también podemos identificar procesos de desactivación de ciertos enunciados críticos. 

Así, nos ubicamos hoy en un presente que nos devuelve una experiencia extraña de cierto silencio; un presente, por un lado, de creciente mercantilización, especulación y procesos de objetualizacion, y desactivación de prácticas críticas, y por otro lado, la proliferación de iniciativas de gestión autónoma de arte contemporáneo que  nos hacen  preguntarnos por cómo nos atraviesan estas complejidades, y que lugares ocupamos en estos debates.

En este tránsito histórico y político en el que se reestructuran subjetivamente los y las artistas, y en el que han llevado y sostenido relaciones de extrema complejidad con la institución, nos preguntamos cómo podemos volver a intervenir en esas institucionalidades con mayor solidez e historia que en el pasado, y como conectar y hacer circular, poniendo en valor, los esfuerzo se llevan adelante en el país de forma constelativa que disputan con el estado actual del arte, de las instituciones, y de las políticas culturales.   

Quizás en décadas anteriores, la pregunta por la condición de trabajadores, estaba presente en relación a las prácticas que se vinculaban con partidos políticos, o que tenían unos vínculos con movimientos revolucionarios, espacio de activismo sindical, etc. 

Hoy pensar en el arte como trabajo, puede devenir como un conocimiento que adquirimos luego de analizar con firmeza cuales son las condiciones de los mercados del arte, tanto locales como internacionales, y vemos como continúan las condiciones de los artistas, porque sabemos, en un contexto de políticas publicas más afín a la producción de eventos masivos de  gran impacto que a un trabajo global sobre las condiciones de producción simbólicas 

El  impacto de las nuevas tecnologías de la comunicación,  nos facilita el uso y abuso estratégico de las redes sociales y listas de mail para compartir y socializar  la palabra y producir nuestras propias imágenes  que puedan de manera viral producir algún cortocircuito para lo que se construye constantemente como el ánimo permanente del campo artístico, agitando de alguna manera, discusiones que nos sitúen no solo como productores sino como participantes activos en las estructuración de las políticas críticas, que hablan piensan y modifican nuestros modos de vida material. 

Gran parte de nuestro trabajo está  centrado en el relevamiento y en la producción de un archivo, como un lugar posible entre esta cultura de acelerada dispersión, con el propósito de recuperar la memoria, no solo puedan ser accesibles las acciones del presente, sino que también puedan funcionar como herramientas para la construcción y redacción colectiva de una historia común de trabajo autónomo, de trabajo colaborativo, de problematización critica de las condiciones de vida del artista. Y en ese afán y deseo también reconocemos estrategias comunes con algunas experiencias de esta muestra. De construir memorias críticas, no cerradas, sino en permanente desarrollo que vayan abriendo sentidos mientras avanzan y se complejizan.

Hasta el momento observamos una numerosa proliferación de agrupamientos que indagan sobre los derechos de los artistas visuales desde los años 70 pero siempre han sido experiencias que no han prosperado, y que muy fácilmente encuentran limites difíciles de sortear, o directamente se burocratizan de forma tal que solo se constituyen en espacios de especulación política sin nivel de representación alguna. 

Nos interesa historizar estas prácticas en el presente porque entendemos que es una manera de sortear la fragilidad a la que están destinadas ciertas acciones, una fragilidad que roza el olvido, y que compromete su potencial critico a una posible perdida.

En  PLFH, esta activación de dispositivos simultánea  se dio en contextos sociopolíticos similares, a tal punto que una acción grafica chilena se adapta a una realidad argentina, estos reflejos territoriales, lejos de una idea de universalización del arte, dejan en evidencia que hay coyunturas donde el flujo de información puede nutrir tanto un punto como otro, desde la Unión, pensamos si ese nodo, además de darse "espacialmente" entre distintas ciudades de la Argentina, no se puede dar entre el pasado y el presente. 

Consideramos que ser activista hoy, es repensar nuestras practicas críticamente, generar un paradigma alternativo que no replique las relaciones y practicas desiguales actuales, fundando nuevas lógicas de producción comunes, en las que podamos transformar nuestras propias subjetividades como artistas.

Y “Perder la forma humana” para nosotros sería transformarnos en nodos móviles y múltiples de producción de saber crítico, con objetivos comunes consensuados para mejorar la realidad en la que producimos arte, es decir nuestra realidad entera, indisociable.

Celebramos que se de esta instancia de reflexión y dialogo, que interpelando el presente, porque creemos que los marcos institucionales reconfiguran los dispositivos artísticos, no solo desde el fetiche, sino en su capacidad de reactivarlos, en este sentido, las charlas y jornadas, son nuevas formas de dinamizar las problemáticas, esta activación es la que atraviesa los comportamientos de quienes formamos parte de La Unión, cuestionar en la práctica los proyectos del pasado, todo aquello que se gestó en el impulso de artistas que se pensaban trabajadores. 

 

 

 

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