Gestión autónoma de arte en Argentina.

 

Tomando como referencia el proyecto CARA (www.proyectocara.com.ar), que tiene como objetivo hacer un relevamiento de todas las experiencias de gestión grupal de arte contemporáneo que actualmente funcionan en Argentina, me propuse escribir este texto, que intenta expresar una mirada global sobre este proceso.

Estos proyectos se desarrollan tanto en espacios físicos, editoriales o plataformas virtuales, y proliferaron en Argentina en estas dos últimas décadas, siendo un fenómeno que aumenta y se extiende a cada vez más ciudades. Son producto de un determinado periodo histórico que tuvo origen en la década de los ‘90 con grupos como Casa 13 de Córdoba y Belleza y Felicidad de la Ciudad de Buenos Aires -entre otros-, y que creció exponencialmente después de la crisis del 2001.

Todos comparten como característica principal la autogestión, conformando, a mi entender, un nuevo paradigma en artes visuales muy distinto al ideal romántico del artista solitario, creando en su taller, concibiendo la gestión como integrante de la práctica y del discurso del artista.

También conforman nuevos espacios de sociabilización, discusión y generación de prácticas, estableciendo nuevas formas de producción y circulación de obras, teoría, crítica y curaduría a través de intervenciones en el espacio publico, ediciones, encuentros, eventos, talleres, clínicas o exposiciones en espacios no convencionales.

Además, no se limitan solo a artistas sino que pueden ser coordinados por curadores, teóricos o gestores; ni tienen una cantidad homogénea de integrantes: pueden contar con miembros volátiles de roles indefinidos, pueden ser la iniciativa de una sola persona o puede ser un grupo cerrado. Tampoco se centran necesariamente en la producción de obras (objetuales), sino en el diseño y en la gestión de proyectos colectivos para la circulación de la producción y el pensamiento artístico.

Aunque son las artes visuales las que comúnmente se autodefinen en sus prácticas como contemporáneas, estos grupos de autogestión no se limitan a actividades de arte visual sino que tienden al cruce con otras disciplinas artísticas e incluso, en algunos casos, con disciplinas sociales o extra-artísticas, poniendo en práctica nuevos modos de investigación, fabricación y aplicación de conocimientos.

A través del relevamiento en varias provincias, podemos confirmar que estos proyectos se constituyen como la escena local de artes visuales de diferentes ciudades del interior del país, ante las deficiencias institucionales del Estado y la ausencia de iniciativas privadas, que no expresan lenguajes artísticos que estén en relación con la contemporaneidad.

Estos grupos de trabajo conforman diversidad de formas, estéticas, objetivos y modalidades, pero expresan su interés en trabajar  colaborativamente, buscando acuerdos e intercambios, y en general comparten las mismas problemáticas en cuanto a la falta de recursos que subsanan con diversas estrategias.

Aunque en esta diversidad se hace difícil consensuar criterios, vemos que en general hay una tendencia y un interés en trazar puentes a través del trabajo en red. Dentro de este campo, los grupos de gestión autónoma, constituidos como agentes novedosos, conforman una fuerza en contraposición a lo que podríamos llamar el circuito tradicional del arte -compuesto por instituciones como galerías, museos y fundaciones de capital privado, confiriéndole a la escena una nueva densidad y  confirmando su carácter histórico y susceptible a cambios según como el poder se distribuya y se subvierta el orden simbólico. Ante este panorama, los grupos plantean diversas formas de interacción con este tipo de institucionalidad.

¿Hasta qué punto estos contenidos y propuestas participativas de trabajo transdisciplinaria son distintas de las propuestas del campo tradicional del arte? ¿Hasta qué punto reproducen sus lógicas de circulación o son realmente capaces de plantear un nuevo modelo alternativo, que contenga propuestas curatoriales novedosas, conformando un nuevo canal de circulación? 

Es interesante pensar de qué forma se apropian de las practicas del circuito tradicional y en qué grado son capaces de subvertirlos de manera crítica, aportando una nueva discursividad, circulación y metodologías de trabajo, y conformando una gramática generadora de prácticas que produzca un conjunto novedoso de esquemas de percepción, de apreciación y de acción; y de qué manera puede transmitirse este conocimiento práctico a los nuevos actores que van surgiendo en la escena.

Los grupos de gestión autónoma, en la medida que relatan, historizan o archivan sus experiencias, construyen, distribuyen y acumulan capital como energía social susceptible de producir efectos, y susceptible de ser utilizada como herramienta.

El tipo de capital que acumulan no es económico sino simbólico, basado en relaciones de sentido. Éste empieza a confrontar con el poder y la violencia simbólica que tiene el circuito tradicional para definir, legitimar y consagrar lo que es arte y lo que no, cómo debe ser exhibido, qué tipo de publico y qué relatos se construyen; actividades que ante un Estado ausente son ejercidas por el mercado que desestima aquellas producciones que no pueden comercializarse.

En este sentido y con el objetivo de generar mayor interacción entre los grupos, el Fondo Nacional de la Artes viene generando una serie de encuentros en la ciudad de Buenos Aires y en el resto del país (como el del noviembre de 2011 en San Juan) donde los proyectos tienen la oportunidad de presentarse y debatir sobre diversos temas y problemáticas que los afectan. (Cabe aclarar que muchos de estos proyectos tuvieron o tienen alguna beca grupal del Fondo para su realización.) 

Alguna de las propuestas que se generaron en estos encuentros son: asesoría legal, clínicas de gestión grupales, necesidad de encontrar mecanismos para facilitar el intercambio entre los grupos y la búsqueda de mayor interacción con las instituciones oficiales, además de crear, a modo de plataforma web, una Red que funcione como herramienta alternativa de carácter asociativo horizontal y descentralizado.

La actividad -y el modo de gestión- de estos grupos autónomos, al ser desarrollada en muchos casos por los propios artistas, son el reflejo de sus propias estéticas y se construyen colectivamente, a modo de practicas estéticas, entendidas estas como formas de organización de la imaginación, de la sensibilidad o la capacidad expresiva en la producción de contenidos. 

Estos proyectos están más relacionados con el acontecimiento que con el espectáculo, con la acción sobre la vida, el derroche, lo efímero, y su producción deja de estar centrada en los objetos para insertarse en el contexto.

En ocasiones, no hay un interés en relacionarse con el mercado, y cuando lo hacen, no es de la forma tradicional como se manejan las galerías, sino a través de prácticas más amigables para con las obras y los artistas colegas.

En lo que refiere al público, muchos de estos grupos reconocen la  intención de acrecentar -y en especial diversificar- la cantidad de espectadores. Aunque, en gran medida, el público de estos espacios se constituye de otros artistas que, a modo de pares, van generando una suerte de comunidad.

En mi opinión, podremos considerarnos genuinamente autónomos una vez que hayamos consolidado estrategias y prácticas propias, y logremos desde la diversidad, intercambiar nuestras propias legitimidades.

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La imágen utilizada en el artículo es del Proyecto La Estrella  

 

BIBLIOGRAFIA:

Germaná, César (1999) Pierre Bourdieu, La Sociología del Poder y la Violencia Simbólica, en Revista de Sociología - Volumen 11 - 1999 - Número 12. Universidad de San Marcos.Perú.

Ocampo, Estela (1982), Apolo y la máscara. Madrid, Anagrama.

http://proyectocara.com.ar/

EL ARTISTA COMO GESTOR Y LA GESTIÓN COMO DISCURSO ARTÍSTICO. PLATAFORMAS, INICIATIVAS Y REDES DE AUTO-GESTIÓN COLECTIVA EN EL ARTE CONTEMPORÁNEO ARGENTINO, Pamela Desjardins http://asri.eumed.net/1/pd.html

Autónomos, no Independientes. artículo de  Jorge Sepúlveda T. e Ilze Petroni (coordinadores de Curatoría Forense). 7 de noviembre 2011.

 

 

 

Comentarios  

 
0 #2 stella 15-05-2013 13:24
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0 #1 Rodrigo 14-05-2013 15:03
Gracias por el articulo!Vivo en una comuna"Valle del Sol"en la montaña de Mza.Es chica y a pesar de estar cerca, aislada.No hay acceso a la red, y tiene poca oferta artística. Me mudé porque se dio la casa y el lugar es alucinante. Con la intención de acercar la actividad artística a pulmón. Hace dos años vivo alli y no puedo salir de ser changarín de arte pero la idea de abrir la casa a la comuna sigue firme en pie...muy motivante el artículo,gracia s de nuevo
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